La primera vez que nos vimos, quedé deslumbrado por la mirada azul de sus ojos color marrón. Ella hablaba muy poco español, pero yo entendía suficiente inglés como para tomarle la orden: un expresso y un vaso con agua. En el café teníamos prensa francesa, mezcla 70 Veracruz, 30 Jalisco y no había molino; puse en el vaso de la licuadora 35 gramos de grano tostado y los quebré como pude. Quedaron casi todos iguales (de gachos). La temperatura, los minutos, el aroma, la textura y sus sabores… Se tomó dos tazas en el transcurso de la tarde, y me contó que vino a México para practicar el idioma. Siguió yendo al café, con una chica a la que le gustan superlativamente las vacas, y supe que estaría en Guadalajara hasta febrero; cuando comenzaría un recorrido por Sur América  llamado “El grano agrisense tour”.

En estos días las cafeterías especializadas brotan como flores en el desierto: granos por regiones, comercio justo, métodos de extracción, ecología, catas especializadas, sostenibilidad, etc. Es casi imposible imaginar a una sola persona que pueda ser llamada experta en café. Sin embargo, siempre estarán quienes desde su trinchera buscarán revelar algo más que su versión de la verdad, y dar vida a los creadores de la historia que no se encuentran en las aulas ni en las jaulas, ni en los templos, ni en los aeropuertos, sino en el campo. Esta es la crónica de nuestros productores cafetaleros.

Cuando me habló sobre el proyecto, no podía creerlo. ¿Por qué interesaría la vida de los productores de café a tres franceses? En su país ni siquiera lo siembran; y no estoy seguro de que lo que beben sepa chido. Estaba equivocado (como casi siempre en muchas cosas): Francia tiene tradición como importador y consumidor de café que se remonta al siglo XVII. Saben de café y quieren saber más. Yo deseaba saber más. Ella vino de la Escuela de Agronomía de Toulouse, donde también (como aquí) te enseñan que la producción en masa llenará de dinero tus bolsillos, y que apostar por la sustentabilidad ecológica es de locos. Junto a sus locos colegas, busca descubrir cuál es la realidad de los productores de café en Latinoamérica, y cuáles son los sueños que motivan a estas personas para dedicar su vida a una tarea que impacta el alma de millones de consumidores en el mundo.

Comenzaron su viaje en Guatemala, para hacer una misión en Huehuetenango. En San Lucas de Tolimán aprendieron sobre el proceso completo que se lleva a cabo desde la selección de los granos que se siembran, los cuidados, la cosecha, el secado, el curado, el tueste, el molido y su preparación, hasta la degustación. Hasta ahí todo bien: cada taza de café genera una ganancia que se distribuye entre los eslabones de toda la cadena productiva. Pero esta distibución no siempre propicia la sustentabilidad de una actividad que para algunos comerciantes es negocio pero para los productores significa… ¿qué significa el café para los productores?

Hay productores de café que se beben los peores granos de su cultivo, para alcanzar a pagar las cuentas vendiendo lo mejor; a precios que fijan los coyotes. Hay productores que viven del café, y sueñan con que su descendencia aprenda el oficio del campo, pero saben que las nubes negras anuncian tormentas, roya, migración. Hay quienes conducen rápido. Hay quienes conducen mal. Las cooperativas son corruptibles. El Estado controla el comercio. La bolsa dicta los precios y el consumidor los paga. ¿Cuál es el problema? Las transnacionales pagan el café y lo procesan. Tú también lo pagas. ¿Por qué los productores no tiene suficientes recursos? ¿El cambio climático? ¿Los agroquímicos? Aquí en México, beber café es barato: una taza puede costar cinco pesos, y puedes pagarla en diez, veinte, treinta. El agricultor recibirá quizás un peso por cada taza. ¿Cuántas tazas produce su cosecha anualmente? ¿Mil? ¿Cien mil? ¿Cuántas tazas de café necesita vender para sustentar su actividad vital?

Después de Guatemala, nuestros viajeros siguieron a Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Colombia y Ecuador. En todos estos países encontraron comunidades de productores que padecen los efectos de un precio global regulado por la bolsa de valores en Nueva York: pobreza, carencia de recursos técnicos y tecnológicos, incomunicación con el consumidor final y más: En 2018 la producción fue mala y mal pagada. En 2019 las condiciones parecen mejorar, pero saldar las cuentas parece una tarea imposible, incluso vendiéndolo todo. Algunos prefieren ya no hacer cuentas. ¿Por qué siguen produciendo café? Porque es una tradición que heredaron. Porque quieren transmitir el amor que tiene por la tierra y por el café a sus hijos y a nuevas generaciones. ¿Con qué sueñan? Con igualdad para todas y todos, para la gente del campo. Sueñan con oportunidades para el café y la preservación del medio ambiente. Sueñan con llegar directamente al consumidor final y mostrarle el trabajo y amor que se pone en cada grano.

El equipo de El grano agrísense tour volvió a su patria y expuso fotografías y testimonios de los productores que conocieron durante el viaje. Todavía dan algunas conferencias, además de trabajar para convencer a distintas universidades de implementar en sus cafeterías el consumo directo de café a productores latinoamericanos. Este año, en febrero, fue presentado el video documental en el que nos narran sus experiencias y las de los productores. Sueñan con ayudar más al agricultor.

¿Y tú?

 

Recursos:

El grano agrísense tour: https://sensetourensat.wixsite.com

Símbolo de Pequeños Productores: https://www.hivos.org/assets/2018/06/Coffee-Barometer-2018.pdf

Coffe barometer 2018: https://spp.coop/