COQUETEANDO CON UN CERDO

 

Ven a mí cerdo, tu que te vistes como cortesano

mientras aún te revuelcas en el lodo,

ven a mí con tus pequeños ojos separados.

Comprendo bien tu verguenza

y tu vanidad.

 

No está bien para un poeta desear las mismas cosas

que tú deseas,

pero hay algo muy preciado para mí en tu libertinaje,

al que te abandonas con permanente ambivalencia.

 

Sin embargo, el diablo te espera en el matadero.

Tiene los dedos gordos, un abrigo de borrego, y afiladísimos

instrumentos.

Se para con las piernas abiertas en mitad de un gran cuarto,

calzando botas de goma y jugando con cuchillos.

 

Su ayudante lava un balde de madera mientras tanto

y mira a la hija del jefe descender por la escalera,

levantando su falda para que sus rosadas plantas y espinillas se asomen.

 

Ven a mí, cerdo, señora del pantano,

me gustaría susurrar dulces nadas en tu amplia oreja

antes de que te arrastren lejos,

lanzando, por turnos, maldiciones y elogios sobre ti.

 

Aleksandar Ristović (1933-1994)

 

Versión a partir de la traducción de Charles Simic al inglés en “The Horse Has Six Legs: An Anthology of Serbian Poetry”